jueves, 22 de agosto de 2019

Etapa 6 - Arzúa-Santiago de Compostela

Despacito, muy despacito.

Nos levantamos al alba, nos aseamos, nos íbamos a desayunar -por ser el último día, churros con chocolate-, volvíamos al albergue a recoger la ropa, preparar el equipaje, hacer el mantenimiento diario de las bicicletas, montar las alforjas, llenar los botes de agua, encender el GPS y los relojes con los pulsómetro, pero despacito. Muy despacito. Para que esto no se acabe. Para dilatarlo todo lo posible.

Nos poníamos en marcha a las nueve y media -más tarde que ningún día- pedaleábamos sin prisa, a cámara lenta. Como empezábamos subiendo, disimulabamos el ritmo lento con el "esfuerzo" que suponía ascender por los caminos. En las bajadas, apurabamos los frenos para no ir deprisa por el frío. Si encontrábamos una excusa para parar, no hacía falta ponernos de acuerdo para hacerlo. De inmediato asíamos los frenos con fuerza y deteníamos la marcha para hacer una foto, para contemplar un paisaje, para hablar con algún peregrino... todo valía.

Pero nada eera cierto. Nada más lejos de la realidad. La única verdad es que no queríamos que esto se acabara.  Y éramos conscientes de que, a cada kilómetro que dejábamos atrás, la aventura era más efímera. Se acababa.

Incluso intentábamos prolongarla parando a tomar café a quince kilómetros de la meta pero, muy a nuestro pesar, y tras subir el alto del monte O'Gozo, vislumbramos Santiago. Sus tejados, sus torres e iglesias. Y sobre todas ellas, como de puntillas, para velar por la buena llegada de todos sus peregrinos, la Catedral con sus dos torres, vigilándonos a todos.

Pocos minutos después, entrábamos en la plaza del Obradoiro por la Rua da Porta da Pena.

Una vez allí, abrazos, fotos, alguna lágrima, y despedida de otros peregrinos con los que hemos ido compartiendo caminos, albergues, comidas, cenas y anécdotas.

El año que viene... Dios dirá, pero si de mi depende, volveré. 


Ya ha empezado la cuenta atrás...


Distancia: 39,02 km
Tiempo: 2:41 h
Vel. Media: 14,5 km/h
Vel. Max.: 46,2 km/h
Ascenso: 660 m
Descenso: 801 m






















miércoles, 21 de agosto de 2019

Etapa 5 - Puertomarín-Arzúa

A las nueve de la mañana, con el cielo encapotado y niebla en el horizonte, salíamos de Puertomarín -o Portomarin, lo he visto escrito de las dos formas- no sin antes desayunar en el bar del "camarero-historiador", el cual nos daba un último consejo antes de desearnos el "Buen Camino" de rigor: "Cuando paséis por Gonzar, a la salida, tras subir una larga cuesta,  os encontraréis un desvío, apenas señalizado, para Castromaior. ¡Cogedlo! Sólo os desviará cien metros del camino y vais a ver las ruinas de un poblado celta del año 400 a.c. que es el mayor y mejor conservado de toda España".

Dicho y hecho. Allá que íbamos, subiendo las pronunciadas rampas que hay para salir de Puertomarín, quince kilómetros de interminables subidas. Atravesando las nubes hasta quedar por encima de ellas y poder ver el sol. Y llegábamos al desvío. Y nos desviamos por él. Y... ¡qué impresionante! ¡Tantos años pasando a tan sólo unos metros de esta maravilla y sin saber que estaba ahí!

Nos hicimos las fotos de rigor y continuamos descubriendo caminos, aldeas e Iglesias. En resumen, disfrutando como la primera vez.

Alrededor de la hora de comer llegábamos a Melide. Parada obligatoria para satisfacer nuestras ganas de comer pulpo. Una vez dada buena cuenta del tan codiciado octópodo, los cachelos y el correspondiente ribeiro, nos poníamos en marcha rumbo a nuestro destino final: Arzúa.

Mañana será la última etapa y, como siempre, el deseo de llegar pelea con la tristeza del final de la aventura. Pero no vamos a ponernos nostálgicos. Todavía nos quedan cuarenta kilómetros de disfrute y la llegada a Santiago.

Distancia: 49,1 km
Tiempo: 3:40 h
Vel. Media: 13,4 km/h
Vel. Max.: 51,6 km/h
Ascenso: 1.022 m
Descenso: 1.008 m


















martes, 20 de agosto de 2019

Etapa 4 - Triacastela-Puertomarín

En la etapa de hoy se cumple el dicho de que "muchos poquitos hacen un mucho".

No siendo grandes subidas, la acumulación de rampas cortas, pero muy pronunciadas, hacían que la etapa se endureciera a lo largo del camino. Pero ya sabemos que esto es así. Como nos anunció, hace años, una gallega: "mira niño, en Galicia, o vas subiendo o vas bajando, no hay llanos".

Con todo, la etapa ha sido maravillosa. Hemos descubierto nuevos paisajes que en años anteriores habíamos evitado por optar por la carretera.

En esta ocasión, al proponernos hacer la ruta al cien por cien por el trayecto original y circular lo estrictamente necesario por asfalto, estamos descubriendo un nuevo camino que sigue sorprendiéndonos al atravesar bosques, aldeas y lugares sorprendentes y muy pintorescos.

Al salir de Triacastela, decidimos coger la ruta de Samos que, si bien es más larga, ofrece unos paisajes impresionantes. Unos caminos entrelazados con el río Oribio con el que van jugando al "pilla pilla" por todo el valle y al escondite por algunos sitios.

Esta villa -Samos- no es paso obligado para todos los peregrinos, pero aquellos que deciden visitarla pueden hacer noche en el hospedaje ofrecido por los monjes benedictinos, en la Real Abadía Benedictina de San Julian de Samos, uno de los centros religiosos más importantes de Galicia. Esta abadía está datada del siglo VI, época en la que los Suevos poblaban los territorios de lo que hoy conocemos como Galicia.

Desde aquí, continuariamos hasta Sarria. Una considerable urbe con todos los servicios necesarios y perfectamente comunicada y punto de partida para un gran número de peregrinos que desean obtener la Compostelana haciendo los cien kilómetros que se exigen para ello.

Tras un tentempié continuamos camino, siempre por la ruta original, hasta Puertomarin.

Y en este punto no quiero terminar la crónica sin compartir con vosotros parte de  una lección de historia que nos daba el dueño del bar más antiguo del pueblo. Para ello, os pongo en situación: en la plaza central del pueblo hay una construcción religiosa, fundada por los Caballeros Templarios de la Orden de Santiago en el siglo XII. Digo construcción religiosa y no Iglesia porque su finalidad original no era la de oficiar cultos religiosos, sino proteger a los peregrinos de los males que los acechaban en los caminos en aquellas épocas en las que el ser asaltados, golpeados e incluso violados, era lo menos malo que podían encontrar, ya que, en muchas ocasiones, la mayoría, era la muerte lo que hallaban detrás de un árbol o en cualquier recoveco del camino.

Pues bien, esta construcción religiosa no se encontraba originalmente donde está hoy en día, sino un kilómetro río abajo -el Miño- y prácticamente a orillas del mismo. Debido a que las crecidas del Miño eran frecuentes y el pueblo se inundaba con frecuencia, en 1958 decidieron trasladar todas las viviendas del pueblo ladera arriba, unos 80 metros por encima del cauce, y trasladar dicha construcción religiosa, piedra a piedra, a su ubicación actual.

Este "camarero-historiador" -enamorado de su pueblo y de su historia-, disfrutaba contándonos detalles y detalles. Dándonos datos y datos, enseñándonos fotos y fotos de antes y después de todos los cambios. Una maravilla. Nos habríamos quedado escuchando horas y horas.

Finalmente, nos invitó a que entráramos en la página del ayuntamiento del pueblo -aquí tienen el enlace- para conocer más y deleitarnos con una excelente galería de fotos. 


Distancia: 44,9 km
Tiempo: 3:12 h
Vel. Media: 14,1 km/h
Vel. Max.: 45 km/h
Ascenso: 730 m
Descenso: 1.015 m



Detalles ruta Garmin.


















lunes, 19 de agosto de 2019

Etapa 3 - Villafranca-Triacastela

Hoy afrontamos la etapa reina de nuestro camino.

La etapa con mayor desnivel y con las rampas de subida más largas y empinadas.

Se podría decir que O'Cebreiro, a más de 1.300 metros de altitud, está mucho más cerca del cielo de lo que parece. De hecho, hemos llegado a estar entre las nubes. Pero la tradicional tabla de pulpo a feira, acompañada de un buen ribeiro, nos recordaba que seguimos en el mundo terrenal.

Han sido treinta kilómetros de subida continua, más liviana al principio pero que, conforme avanzábamos, se iba complicando hasta alcanzar, en algunos tramos, más de un 20% de desnivel.

Una vez coronado O'Cebreiro, el alto de San Roque y el alto de Poio, ya solo nos quedaba dejarnos llevar por la gravedad hasta nuestro destino: Triacastela.

Como de costumbre, ducha, lavandería, comida y siesta.

Destacar que en la lavandería, mientras secábamos la ropa, hemos conocido a una italiana, Hilaria, que también está haciendo el camino en bicicleta y que, en su etapa de estudiante, estuvo de Erasmus en Sevilla. Una excelente compañia con la que hemos compartido cena y anécdotas graciosas.

Por lo demás, un buen día climatológico, con algo de frío en las cotas más altas, pero secos. Algo que hemos agradecido mucho respecto del día de ayer.

Distancia: 51,7 km
Tiempo: 3:32 h
Vel. Media: 14,6 km/h
Vel. Max.: 61,0 km/h
Ascenso: 1.071 m
Descenso: 919 m