Antes de entrar en detalles de la ruta de hoy, quiero comentar una experiencia de ayer que, por acontecer con posterioridad a la publicación de la crónica de la jornada, no pude incluir.
Se trata de una misa integramente cantada por monjes gregorianos que, a pesar de ser toda en latín, nos puso los pelos de punta. La acústica de la nave y la sonoridad de los cantos resultó ser, cuando menos, una experiencia impresionante.
Con respecto a hoy, lo más destacable es que durante toda la etapa hemos sido tres, en lugar de dos.
Prácticamente desde el principio, a mi amigo Juan José y a un servidor, se nos unía una acompañante inesperada. Un poco fría y tímida al principio, pero que, poco a poco, conforme pasaba el día, se convertiría en algo pesada e incluso bastante desagradable. ¡Ah!, ¿que no os he dicho su nombre?, lluvia, se llamaba lluvia. Y no nos ha dejado en todo el camino. Sólo al llegar a nuestro destino decidía quedarse a unos kilómetros y permitirnos llegar al albergue.
Hoy, sobre las diez de la mañana, coronabamos "cruz de ferro", a 1.508 metros de altitud. Con agua, con frío, con los ojos entornados, pero con mucha ilusión.
Los paisajes, conocidos hasta hoy, parecían completamente distintos. Mucho más verdes. Las hojas de los árboles y de los helechos mojadas, llenas de lágrimas, como si estuvieran llorando. La tierra de los caminos mucho más oscura, con un olor a humedad y vegetación que nos invadía y rodeaba, hacían que el camino pareciese diferente al de años atrás. Todo parecía nuevo.
Tras bajar hasta Molinaseca, esta vez mucho más despacio que en ocasiones anteriores, parábamos a tomar un café -no apetecía otra cosa- y nos encontramos un pueblo en fiestas que nos amenizó el tentempié con música y bailes típicos regionales.
Desde aquí continuamos hasta Ponferrada, donde nuestra acompañante, la lluvia, nos obligaba a guarecernos bajo un puente durante unos minutos, hasta que se le pasó el enfado que, no sabemos por qué, había cogido con nosotros.
En cuanto su enojo amainó decidimos dar el tirón final, de veintiocho kilómetros, para llegar al albergue y podernos dar una ducha caliente que nos quitara el frío acumulado de toda la ruta.
Tras comer y dormir la rigurosa siesta que reconforta cuerpo y Alma, un paseito por la villa, deleitándonos con sus bondades y, tras un refrigerio en la playa fluvial, nos disponemos a cenar y descansar hasta mañana, donde nos espera la etapa reina del camino 2019.
Distancia: 58,58 km
Tiempo: 3:29
Vel. Media: 16,8 km/h
Vel. Max.: 58,0 km/h
Ascenso: 726 m
Descenso: 1.357 m







Lo de la misa cantada tuvo que ser una pasada. Yo tuve ocasión una vez de escuchar canto gregoriano en un monasterio e impresiona.
ResponderEliminarVenga, ánimo y a por la tercera etapa.
¡Qué etapa tan dura! Con esa compañera, tan necesaria como inoportuna, según qué veces. Veo que lo superáis todo, ¡faltaría más!
ResponderEliminarPor cierto, a ver si podéis darnos algún detalle más de esos monjes... merecen una visita.
Abrazos.
¡Claro que si!
EliminarEs una iglesia pequeñita, en un pueblecito encantador -Rabanal del Camino- de la provincia de León.
La iglesia es pequeña y se pueden apreciar restos románicos, perteneció a la Orden del Temple bajo las Órdenes de los templarios de Ponferrada.
Todos los días, a las 17,00, las vísperas son cantadas. Más tardes, a las 21,30, es la misa completa, también cantada, en la que se bendice a los peregrinos. Estos horarios son de Verano. Seguramente en invierno cambien.
si necesitas cualquier otra información, ya sabes que sólo tienes que llamarme.
Un abrazo y gracias por tus comentarios.
Jajaja, acabo de ver el vídeo y me he dado cuenta de que El Cotarro existe... ¡ya he aprendido la cosa del día!
ResponderEliminarGracias, amigos.