En la etapa de hoy se cumple el dicho de que "muchos poquitos hacen un mucho".
No siendo grandes subidas, la acumulación de rampas cortas, pero muy pronunciadas, hacían que la etapa se endureciera a lo largo del camino. Pero ya sabemos que esto es así. Como nos anunció, hace años, una gallega: "mira niño, en Galicia, o vas subiendo o vas bajando, no hay llanos".
Con todo, la etapa ha sido maravillosa. Hemos descubierto nuevos paisajes que en años anteriores habíamos evitado por optar por la carretera.
En esta ocasión, al proponernos hacer la ruta al cien por cien por el trayecto original y circular lo estrictamente necesario por asfalto, estamos descubriendo un nuevo camino que sigue sorprendiéndonos al atravesar bosques, aldeas y lugares sorprendentes y muy pintorescos.
Al salir de Triacastela, decidimos coger la ruta de Samos que, si bien es más larga, ofrece unos paisajes impresionantes. Unos caminos entrelazados con el río Oribio con el que van jugando al "pilla pilla" por todo el valle y al escondite por algunos sitios.
Esta villa -Samos- no es paso obligado para todos los peregrinos, pero aquellos que deciden visitarla pueden hacer noche en el hospedaje ofrecido por los monjes benedictinos, en la Real Abadía Benedictina de San Julian de Samos, uno de los centros religiosos más importantes de Galicia. Esta abadía está datada del siglo VI, época en la que los Suevos poblaban los territorios de lo que hoy conocemos como Galicia.
Desde aquí, continuariamos hasta Sarria. Una considerable urbe con todos los servicios necesarios y perfectamente comunicada y punto de partida para un gran número de peregrinos que desean obtener la Compostelana haciendo los cien kilómetros que se exigen para ello.
Tras un tentempié continuamos camino, siempre por la ruta original, hasta Puertomarin.
Y en este punto no quiero terminar la crónica sin compartir con vosotros parte de una lección de historia que nos daba el dueño del bar más antiguo del pueblo. Para ello, os pongo en situación: en la plaza central del pueblo hay una construcción religiosa, fundada por los Caballeros Templarios de la Orden de Santiago en el siglo XII. Digo construcción religiosa y no Iglesia porque su finalidad original no era la de oficiar cultos religiosos, sino proteger a los peregrinos de los males que los acechaban en los caminos en aquellas épocas en las que el ser asaltados, golpeados e incluso violados, era lo menos malo que podían encontrar, ya que, en muchas ocasiones, la mayoría, era la muerte lo que hallaban detrás de un árbol o en cualquier recoveco del camino.
Pues bien, esta construcción religiosa no se encontraba originalmente donde está hoy en día, sino un kilómetro río abajo -el Miño- y prácticamente a orillas del mismo. Debido a que las crecidas del Miño eran frecuentes y el pueblo se inundaba con frecuencia, en 1958 decidieron trasladar todas las viviendas del pueblo ladera arriba, unos 80 metros por encima del cauce, y trasladar dicha construcción religiosa, piedra a piedra, a su ubicación actual.
Este "camarero-historiador" -enamorado de su pueblo y de su historia-, disfrutaba contándonos detalles y detalles. Dándonos datos y datos, enseñándonos fotos y fotos de antes y después de todos los cambios. Una maravilla. Nos habríamos quedado escuchando horas y horas.
Finalmente, nos invitó a que entráramos en la página del ayuntamiento del pueblo -aquí tienen el enlace- para conocer más y deleitarnos con una excelente galería de fotos.
Distancia: 44,9 km
Tiempo: 3:12 h
Vel. Media: 14,1 km/h
Vel. Max.: 45 km/h
Ascenso: 730 m
Descenso: 1.015 m
Detalles ruta Garmin.













Fantástica crónica. Hoy te has esmerado con el texto y te ha quedado genial. Por cierto, vaya la marcha que tenían las monjas en la escalinata.
ResponderEliminarVenga, que ya no queda nada.
Un abrazo